ENFOQUE 

Las relaciones familiares son hoy mucho más complejas de lo que han sido nunca.

Los conflictos de familia no sólo tienen contenido patrimonial o económico, sino también, como es lógico, importantes componentes personales y emocionales que no se pueden ni deben ignorar. Está en juego lo más preciado que una persona puede tener: sus afectos. Cualquier acuerdo o resolución en una crisis familiar debe alcanzarse con vocación de permanencia ya que las partes, en muchos casos, seguirán vinculadas aún durante largos períodos de tiempo.

Mi compromiso ético como abogado está dirigido a proteger a las personas afectadas, con mayor empeño si cabe cuando hay menores involucrados. Ello se pone de manifiesto en la búsqueda permanente de soluciones más simples, rápidas y económicas.

Para ello es necesario, además de una solvente práctica y experiencia profesional, que valores como la empatía, la confianza y la proximidad presidan las relaciones con los clientes, con información puntual acerca de la evolución del asunto encomendado.

Del mismo modo, ser un buen abogado de familia conlleva luchar por los derechos del cliente con todas las herramientas jurídicas disponibles, desde la negociación y mediación inicial valorando la conveniencia de alcanzar acuerdos extrajudiciales o soluciones alternativas al litigio, hasta las medidas cautelares, medios de prueba y de ejecución necesarios para asegurar los mejores resultados personales y patrimoniales.

Mi experiencia acreditada en el Derecho Civil en general, y de Familia, en particular, con amplia experiencia tanto en la etapa prejudicial como en todas las instancias posteriores ante los distintos juzgados y tribunales, me permite buscar y ofrecer la solución necesaria a cada caso.

 

La relación entre el cliente y su abogado se fundamenta en la confianza y exige de éste una conducta profesional íntegra, que sea honrada, leal, veraz y diligente”.

Artículo 4 del Código Deontológico de la Abogacía Española.